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12 septiembre 2011

10.to Esther...

De la morada cajita de música sonó
una arcaica melodía que heló mi corazón.
Ocultos cantan los suspiros de mi amada,
encerrados en los acordes que sonaban.

Entre las rocosas paredes de mi pasión
quedé atrapado por la más oscura sensación.
Desde el otro mundo recibo una dulce estocada,
respiro en el ambiente por una noche su alma.

Ni en los ardores del atardecer
ni en los despertares de la mañana
podré olvidar tu forma de querer.

Aun si la negra noche es iluminada
o apagado del sol su brillante nacer
no podría desviar mi mente de vuestra llamada...

06 mayo 2011

9.to Maria...

FELICITATS, MARIA!

Dime sino sientes tristeza al esperar el invierno
sentado en la ventana en el que lo viera tu amada,
si cada hoja que muere te hace más eterno
hará falta más que tiempo para que perezca tu alma.

En las heladas cumbres desapareció tu dama
fundiéndose entre montañas, niebla y frío,
en sus oscuros ojos tu miedo se reflejaba
cuando la belleza la hundió en su más profundo río.

Y en el helado reposo esperarás tu fatídica muerte
aun condenado a vivir eones sin tu enamorada,
deseando que en otra vida os reúna la suerte
mientras le dedicas letras con cualquier idea desenterrada.

13 abril 2011

11.El mundo en llamas

Esta noche las llamas por fin me consumirán
y quedaré liberado de este infame cuerpo
que me obliga a formar parte de esta humanidad.
Esta noche nos temerá el mundo entero.

No habrá amanecer para la más horrible raza
si nunca aprenden de sus repetidos pecados.
Al oscurecer efectuaremos nuestra venganza,
hoy no se salvará ni el más puro cristiano...

Arderán sus almas como lo sufriera mi piel,
un final doloroso pido para todo hombre,
que al morir solo recuerden el sabor de la hiel.

Al fundirse el Sol rehuirán a nuestro nombre,
al reinar de nuestra Luna haremos un mundo fiel.
Caer en el olvido es el castigo para la especie más pobre.

14 marzo 2011

20.Bajo tu bendecida estrella

Aguardo bajo la oscura capa de tu noche
y perdido vago con el alma descosida,
por odio que fue amor sufro estos cortes
que de ser físicos acabarían con mi vida.

Creías que era poca mi fortaleza
y que sin ti no muy lejos llegaría,
¿encajan aún sin mi tus piezas?,
¿soportas sola estos apagados días?.

Entre fríos suspiros del viento
que sopla idiomas muy lejanos
busco la estrella cuyo brillo en mí aún siento,
esa que conjuraste antaño para ser nuestro faro.

27 diciembre 2010

Mi funeral en la nieve

Desperté, o eso creía, que había despertado. Estaba de rodillas, rodeado de un immenso mar blanco. Un incesante y creciente desierto de nieve que se extendía almenos hasta donde mis ojos me permitían ver.
A pesar de la tempestad mi cuerpo se mantenía cuerdo y mis sentidos inalterados. Sorprendentemente me percaté que la nieve no cubría ninguna zona de mi cuerpo ni se pegaba en la ropa cómo lo harían los copos de nieve que yo conocía. Me levanté y mis pantalones estaban íntegramente secos.

Las pocas veces que pude disfrutar de la nieve fueron en las escapadas que hacía con mi escasa familia al pueblo de mi padre, en alta montaña. Siempre tenía una mezcla de sensaciones, entre lo incómodo y lo romántico que me resultaba cuando los copos de nieve, a su tranquilo compás de caída, acariciaban fríamente mi piel. Esa sensación de deshielo era tan agradable...pero luego notaba que me empapaba hasta lo más profundo de mis huesos. Supongo que toda rosa tiene sus espinas...

Pero esa vez no notaba esa sensación, era immune a tal suceso, y al frío. Todo me empezaba a parecer soñado.

De entre el pálido horizonte pude ver un creciente destello blanco y de una luminosidad que destacaba increíblemente incluso en ese mapa totalmente acolorido. Parecía acercárseme, pero a un ritmo que aburriría a cualquier eternidad. Tenía miedo, ese miedo a lo desconocido que todo hombre debiera sentir en mi situación, pero pensé que qué más daba, que de todos modos no huiría de ese océano polar. Además, el misterio me empezaba a atraer de cierto modo, a medida que esa lu se aproximaba a mí.
De lejos, la cortina de nieve que se precipitaba melancólicamente me impidió ver qué sería ese destello que cuan más acortaba la distancia que nos separaba me iba percatando que se apagaba para dar forma a un ser que pareciera divino hasta en los ojos del necio.

Y cuanto más se acercó más podía cercenarme de la belleza de la criatura que venía a buscarme. Una belleza lejos de la humana, lejos de la de este mundo...
¡Era un ángel!. De su espalda nacían unas imponentes alas negras propias de una diosa que desplegadas harían de largo cómo dos hombres adultos por banda. Sus rasgos eran de una feminidad envidiable para toda mujer, era esbelta y su tez me recordaba a los relatos góticos que mi madre me contaba cuando llegué a tal edad que los cuentos infantiles me empezaban a aborrecer.
Vestía una especie de túnica negra sin mangas que se arrastraba hasta varios metros de ella. Y su cabello era cómo finos hilos del carbón más oscuro, por si fuera poco, sus ojos azules cómo los valles de Neptuno me acabaron hipnotizando.


No pude moverme, asombro y miedo se apoderaron de mi cuerpo que había quedado paralizado. Mi piel tiritaba, no del frío, sino de algo que portaba en mi interior, una sensación que congelaba por momentos mi corazón.
Y, sin casi darme cuenta, me empezó a hablar. Tenía una voz dulce y melódica. Se expresaba en una lengua muerta, que me pareció por los relatos que conocía la lengua en que se comunicaban los antiguos midianitas y, que solo hablarían según las leyendas los señores de las sombras más longevos.
No le supe contestar, pero por alguna razón que desconozco la entendía desde la primera palabra que pronunció, entendía unos vocablos que los siglos habrían convertido ininteligibles para todo hombre...

Me estaba advirtiendo repetidamente que hacía tarde y que debía seguirla. Su tono de voz era celestial, sino fuera el ángel que parecía ser estaba convencido que cualquier Dios le hubiera puesto precio a su voz.
En esos momentos me sentí el ser más insignificante del mundo, quizá solo por el hecho que tenía delante el ser más bonito que viera cualquier mortal.

Aunque hipnotizado le hice caso y seguí sus pasos. Y tras minutos, o quizá eones, siguiendo la estela de ese fantástico ser pude percatarme forzando la vista que nos acercábamos a una cueva de dimensiones monstruosas.
Ya en su entrada el ángel se arrodilló justo donde la nieve se convertía en roca, evidenciando que a partir de ahí el camino lo debía tomar yo solo. Así era, pues antes que me lo pudiera pensar dos veces me vociferó con una vo gutural, que no parecía pertenecerle, que debía entrar.
No lo pensé ya más veces y me dispuse a entrar. Una parte de mí pensaba que debía haberme vuelto loco y que tenía que haber huído en cuanto la ocasión me lo había permitido, pero en el fondo de mi corazón existía un afán por conocer el misterioso significado de todo lo que estaba sucediendo, y quizá ese oscuro sendero fuera la única manera e averiguarlo...

Fundido a negro. Eso es lo único que recuerdo entonces. Mi mente, aún consciente, permanecía bajo un manto de oscuridad. Pensé que nada más entrar en la cueva debía haber caído y desfallecí, pero me parecía demasiado retorcido. No sentía ningún dolor físico, apenas sé si mi cuerpo existía... me sentía cómo una hoja de otoño que flota en el lago después de abandonar su árbol. Sin embargo, la angustia invadía mi mente, me mantenía despierto, sí, pero atormentándome a tantas preguntas que degustaba un sentimiento de desesperación que parecía consumir mi alma lentamente...

Todo me parecía tan irreal para mis sentidos pero a la par tan dolorosamente cierto para mi cerebro que me daba la sensación que el fuego de mi alma de algún modo había corroído mi cuerpo y que ahora me encontraba condenado a sufrir un dolor mil veces peor que el corpóreo.

Finalmente volví a despertar. No sé si mis ojos permanecieron cerrados por algún hechizo o si había estado enjaulado en el más oscuro valle para tormento de mis pensamientos, pero al fin mis ojos recobraron su función. Pude ver con claridad un amplio y limpio azul en el cielo, mis ojos se resintieron al ver tanto brillo.
Estaba tumbado, boca arriba, levanté la cabeza y observé un amplísimo prado verde. El césped se extendía hasta donde me alcanzaba la vista, que, a lo lejos, también percibía algún que otro árbol solitario.
Me levanté, aturdido, pero la suave brisa que corría me hizo olvidar todos los males que pudiera tener. Pensaba que todo aquel verde en el que estaba atrapado podía haber sido el desierto de nieve en el que desperté por primera vez. Pero no veía la cueva, ni el ángel...

Me sentí perdido... di vueltas sobre mí mismo para otear ese immenso horizonte. Verde, verde y más verde... ¡Espera!, a lo lejos vi algo que parecía una escultura bastante alta y que me parecía una cruz cristiana. Corrí hacia ella.
Efectivamente, mi vista no me engañó, era una cruz, aunque celta, de mármol blanco que sobresalía del suelo hasta alcanzar los dos metros de altura. Miré hacia mis pies y me cercené que estaba pisando un sepulcro, o almenos eso creía al andar sobre tierra removida.
Cuando volví a alzar la vista hacia el monumento aprecié que la parte central de la cruz estaba cubierta por un musgo que impedía leer alguna cosa, o eso me pareció... Así que no lo dudé, acerqué la mano y de una pasada retiré el musgo que me sobraba para disponerme a ver qué secreto se escondía.

Mi alma quebró en trozitos cómo una bola de cristal precipitándosa violentamente contra el suelo, justo en el momento de impactar. En esa cruz yacía escrito mi nombre...

Cerré los ojos invadido por el miedo e la incertidumbre y mis sentidos cobraron fuerza recordando lo que pasó.
Y recordé los golpes, los insultos, las persecuciones, las palizas sin sentido que recibía por gusto de unos necios sin sino.
El miedo se transformaba en ira y mis fuerzas aumentaban a compás con el sufrimiento que por momentos crecía en mi cabeza, pues recordé tambíén la sangre brotando por mis brazos segundos antes de morir plácidamente a mi propia voluntad, cómo lo hubiera hecho el hombre de honor en Roma antes de ver caer su Imperio. Usé mis propias uñas para cortar las frágiles que protegían la sangre de mis brazos inducido por toda la droga que hube tomado para quitarme la vida agradablemente bañado en el agua caliente de mi bañera...

En menos de lo que tardé en respirar una vez vinieron mis recuerdos, caí. El prado desaparecía de golpe, y la tumba, y esos árboles presentes a millas... Tuve la sensación de caer, no pude aguantar el miedo y volví a cerrar los ojos en lo que me parecía la transición hacia otro mundo.
Al fin, oí un fuerte estallido y me pareció tocar tierra. Abrí los ojos y al instante me cercené que me encontraba en el mismo paisaje de frío y nieve que había abandonado, por lo que me parecía, hacía eternidades.


Permanecía, de nuevo, de rodillas. La nieve que me rodeaba estaba teñida de la sangre que aún expulsaban mis brazos. Alzando la vista pude ver el mismo ángel que se me había aparecido en ese escenario.
¿Por alguna razón se me había concedido la vida de ultratumba?, pensaba que nunca encontraría respuesta...
Entonces, delante de mí, ese ángel pronunció las palabras que darían sentido a mi fatídico destino. Unas palabras que jamás nunca podré olvidar...:

El otro mundo aún no te reclama,
yo cuidaré hasta entonces de tu alma.
De entre el suicidio y sus placeres nace tu venganza,
vagarás por las noches y morirás a cada toque del alba.

Aquellos que cazaban serán ahora los cazados,
por tu agonía quedarán algún día enterrados.
De la más oscura penitencia serán esclavos,
hazlos sufrir... yo haré que sus gritos sean en vano

Empieza mi venganza...

22 diciembre 2010

¿Te acuerdas...?

Antes de conocerte no me había dado cuenta de lo bello que puede resultar el caer de la lluvia en mi cabello, ni que pudiera significar tanto el romper de esas gotas contra el suelo, tampoco imaginaba que la tormenta volvería para que recordara nuestro invierno.
¿Recuerdas como la lluvia lo hizo todo más dulce?, ¿y mis nervios?. ¿Recuerdas mi inocencia?.


Las hojas moribundas que habían abandonado sus árboles estallaban a nuestro andar, y el frío se apoderaba de un ambiente que ignoré, porque no había fuerza capaz de desviar mi atención...

Sentía como el calor que recibía mi corazón fundía todo el hielo acumulado por mi alma... ¿Qué sentías tú?.
Nunca antes pensé en lo largo que podían ser los segundos, los minutos, las horas... ni que mi corazón pudiese tomar vida propia al separarme de alguien tan importante, ni que yo pudiera quedar tan dulcemente enjaulado en ese pasado.
Nunca antes podría haber pensado en el amor que pueden contener unas simples palabras...

Hoy es un día especial. ¿Te acuerdas...?.

Sin ti no sabría amar.

17 diciembre 2010

Darkfal's Philosophy

Hombre y Naturaleza:

El ser humano, ése que se hace llamar racional, aunque sea el que menos de todos los que pueda haber, el mismo que come sin tener necesidad, o que habla sin que sus palabras tengan valor alguno.
Maldita sea para los humanos la capacidad de pensamiento, que lo convierte en peor, pues antaño no hubo que ayudar a nuestra madre, la belleza de lo natural, aquello que nos dio la vida, que ahora llora, por haber creado tan vil ser, corrompido por efímeros intereses y placeres, la Tierra no está temiendo, sino ya aceptando su derrota, su muerte lenta que servirá de venganza para el hombre. Y es que su propia tierra servirá de tumba, parece mentira que los caprichos de una especie que sin respeto alguno, interponiéndose a todo, intentando evitar lo natural, ha asesinado con sangre fría y lentamente a su propio hábitat, el mismo que si en su tiempo hubieran querido podría convertirlos en la verdadera especie dominante.



Realidad Ficticia:

Y va a ser el hombre, corrompido por estos valles falsos que le conducen al placer, el que acabará con todo, ¿para qué beneficio? Para el propio, que le parecerá real, todo aquello que le hace sentir bien no servirá de nada en la verdadera cara de la vida, lo que los hombres llaman "muerte", temida, mas respetada, aunque siendo ella misma la que nos da la vida, en función de préstamo, para que veamos lo crueles que podemos llegar a ser, para evaluarnos quizás, para que nos demos cuenta de que esta vida ya nos está matando a cada instante, para que abramos los ojos ya, de que nuestra realidad es ella, y no nuestros sentidos ni nuestro instinto. La muerte será tan sólo el paso que nos liberará a la libertad de nuestra alma, que muerta en este mundo, aguarda para la verdadera vida.

"La realidad es demasiado evidente que es real para que realmente lo sea"